jueves, 27 de septiembre de 2007

Tridente - Presentación

Es curioso.
Cuando pienso en vampiros, en su lugar de descanso, las imágenes que me vienen a la cabeza son de catacumbas llenas de telarañas, un ataúd y un hombre delgaducho con los brazos cruzados sobre el pecho.
Sin embargo yo me desperté tirado en el catre, boca abajo, en la misma postura en la que había caído rendido esa mañana.
Había tratado de aguantar despierto, aprovechando que cuando volví de mi paseo nocturno era ya prácticamente la hora en la que amanece, dispuesto a ver la luz del sol y comprobar la realidad de algunas cosas que tenía en la cabeza sobre los chupasangres (cosas que he visto en películas, supongo).
Los minutos fueron pasando, y dentro de mi taller empezó a aparecer con timidez la ligera penumbra que precede a un nuevo día.
Las fuerzas me empezaron a fallar y el coraje flaqueó.
He de admitir que una sensación de angustia me lo impidió (bueno, probablemente fuese miedo, aunque lo sabría mejor si lo hubiese sentido alguna vez antes). No sé porqué, pero no se me iba de la cabeza la escena de la película “Blade” (que gran película. Por una vez el negro gana) en la que castigan a uno de ellos a contemplar la salida del sol.
Cuando bajé de nuevo al sótano, el sol ya aparecía por encima de los edificios.
Un cansancio como no había notado jamás (los brazos pesaban y las piernas más que caminar se arrastraban por el suelo conmigo encima. Otro regalo de mi nuevo amigo Jacob al querer que fuese uno de los suyos) me llevó directo al colchón, que me pareció más cómodo de lo habitual.
La realidad se desvaneció deprisa.


Mis ojos se abrieron de golpe, y la realidad volvió tan rápido como había desaparecido.
Las horas, pero, habían pasado, llevándose del todo aquel molesto cansancio y una nueva noche despertaba junto conmigo.
Los sueños, las pesadillas que me acompañaban cada noche desde que salí de la cárcel (pensándolo bien incluso antes de que saliese) parecían haber acabado. Al menos eso sí debía agradecérselo a Jacob.


La puntualidad no era uno de los fuertes de ese tío, pero había que admitir que sabía como hacer sus apariciones.
Eran casi las diez de la noche cuando Jacob apareció, esta vez al volante de un Lamborghini Diablo GT de color rojo (550 CV a 7.100 rpm. De cero a cien en 3,95 segundos… ¿he de decir algo más?).
No sé si fue el coche, o fue el hecho de que me empezara a asegurar que podría recuperar del todo la propiedad del taller de mi padre (Johnnie tal vez hubiese tenido algo que decir en este punto, porque la mitad que me falta es suya), pero las preguntas que habían ido apareciendo en mi cabeza durante la espera se desvanecieron igual de rápido de lo que habían llegado (menos mal que antes de que él empezase a hablar tuve tiempo de preguntarle como cojones emborracharme. No hubiese aguantado otra noche sobrio).
Pese a que sería mío, ellos, los Brujah, harían uso del taller (y de mí, que coño) para las reparaciones que necesitaran, y para algún que otro trabajo que pudiese surgir.
Supongo que los años de asuntos sucios y trapicheos extraños me llevaron a mal pensarme. Cada vez que Jacob pronunciaba la palabra “trabajo”, cada vez que mencionaba algún tipo de situación peligrosa, yo imaginaba a los polis detrás nuestro.
Al parecer me equivocaba (esa estaba resultando ser otra noche de experiencias nuevas).
Hasta que punto decía la verdad no lo sabría asegurar (siempre he sabido cuando algún hijo de puta intenta mentirme, pero juro que ser vampiro me afecta más de lo que debería), pero me dijo que él era descendiente de policías, y que ahora yo lo era también. Me dijo que sus antecesores eran los Sheriff de esa ciudad, los que desde hacía muchos años se cuidaban de que los vampiros de New York cumpliesen las leyes.
Ahora yo debería ayudar a servir su causa.
Pese a que no lograba imaginarme a mi mismo con sombrero, camisa y placa, le seguí el juego.
-Entonces ayer supongo que hacías justicia cargándote a aquellos dos tipos.
-No vi que tú sintieras mucho lo que le hiciste a aquellas prostitutas.
Preferí guardarme mi opinión sobre las putas para otro momento. Recordé también al tuercas, pero preferí no seguir mencionando más muertos (ni pensar en la forma en la que me dijo que se había desecho del cuerpo. Juro que no volveré a comer en un McDonalds… aunque pudiese).
-Ya que has sacado el tema, también tenemos que ocuparnos de un par de cabos sueltos en ese asunto. Los magos están investigando las muertes.
-¿Quién?
No tenía muy claro si se refería a David Copperfield o a algún otro mago de ese tipo, pero suponía que no sería así.
-Los Tremere. Otro clan de vampiros de esta ciudad.
-¿Y que coño les importa a ellos?
-Ellos simplemente se preocupan por el bien de los vampiros en general. Llegarás a entender que no podemos hacer lo que queramos, no podemos empezar a matar gente por el simple hecho de que nos apetece –me miró con una sonrisa siniestra antes de continuar-. Al fin y al cabo son nuestra comida.
-No creo que nadie echase en falta a según que escoria, pero dime… -me rasqué el mentón, y me hice el interesante. Me dio la sensación de que iba a hacer una pregunta inteligente y quería acompañarla con un gesto que también lo pareciera-. Los vampiros, es decir, nosotros,… ¿seguimos las mismas leyes que los humanos normales? Ya que tendré que defenderlas debería saberlo (además, es más divertido romperlas si sabes que lo estás haciendo).
Jacob empezó a hablarme de las seis tradiciones, las recitó una a una de memoria, y además de dejarme pasmado por ello, se encargó de dejarme bien claro que eran, por así decirlo, sagradas.
Ningún vampiro las contravenía,… a no ser que quisiera morir.
No recuerdo las palabras exactas que él utilizó, pero básicamente me dijo que un vampiro jamás debe revelar su existencia (y evidentemente la de los demás de los suyos) a alguien que no lo sea. Recuerdo que Jacob mencionó algo acerca de romper la Mascarada, aunque no entendí del todo a qué se refería.
Después dijo una frase que sí recuerdo, porque era algo parecido a lo que me solía decir mi padre cuando era pequeño. “Tu dominio es de tu responsabilidad”, dijo Jacob refiriéndose a la segunda tradición, que era referente al deber que tenemos (él me habló más en concreto de cada Príncipe, jefe máximo de los vampiros de una ciudad, en su propia parcela) de comportarnos de manera correcta y siguiendo esas mismas tradiciones que él estaba recitando (y en el caso del Príncipe, a hacer que los que estén en ella las cumplan). “Sé responsable de lo que hagas, y sobre todo de lo que no hagas”, decía mi padre. Si bien no era lo mismo a mí sí me lo pareció en ese momento.
La tercera tradición le concernía más a él que a mí, ya que era sobre crear nuevos vampiros. Nuevos vástagos, creo que dijo. Mencionó que no debía hacerse si no era con el permiso de tus antiguos. La verdad es que a esa le presté poca atención, porque de momento a mí no me concernía demasiado, pero la cuarta sí me interesó más. Decía, en resumidas cuentas, si creas un nuevo vampiro, debes responsabilizarte por él hasta que lo liberes. En ese momento no se me ocurrió preguntar cuando pasa esto, el liberar a tu chiquillo (usando palabras del propio Jacob). Estaba demasiado distraído pensando que todos mis marrones serían de momento a medias con él (era una gran responsabilidad. Ahora tendría que pecar por dos).
Sin la aceptación del Príncipe no eres nada. Así es como se resume la quinta tradición, que básicamente trata sobre la hospitalidad y la obligación de los vampiros nuevos en una ciudad (o como en mi caso, los recién creados) de presentarse al Príncipe, como máximo responsable de su dominio.
El sexto era el mandamiento cristiano de toda la vida, el “No matarás” (como humano se me ha olvidado alguna que otra vez. Espero que como vampiro no se me olvide tan a menudo, aunque si lo pienso bien ésta es mi segunda noche y ya llevo dos en mi casillero), pero en versión vampiro. Es decir, que no me podré cargar otro vampiro (teóricamente), a no ser que el Príncipe, por lo que dijo Jacob, convoque lo que él llamó una caza de sangre (no me quedó del todo claro que era, pero ya tengo ganas de ver una). Como parte buena, ningún otro vampiro puede matarme a mí (cosa que ya daba por sentada. A ver quien tiene cojones de conseguirlo).
Después de todo este discursito, ambos dimos la conversación por acabada. Sabíamos que había cosas más importantes que hacer que estar hablando allí metidos (y yo ya estaba hasta los cojones de escucharle, ¿por qué no decirlo?).
Decidimos primero de todo ir a por mi coche.
La noche dictaría de que más ir ocupándose.


El trayecto en el Lamborghini fue sin duda lo mejor desde que conocí a Jacob.
La forma en la que él lo conducía sin duda lo peor.
Ya nos acercábamos al lugar donde estaba aparcado mi coche (hasta no hace mucho mi Pontiac Firebird me parecía un gran coche, pero viendo los carros en los que se mueve esta gente creo que tendré que empezar a pensar en cambiarlo), cuando de repente Jacob empezó a acelerar. La fuerza del motor nos empujó hacia atrás, y un leve chirrido demostró que el motor no había disfrutado precisamente con la maniobra. Un frenazo brusco nos llevó hacia delante, y por un segundo sufrí por la integridad de mi coche. Jacob giró con brusquedad el volante, y el golpe con la acera terminó de frenar su coche. Medio metro nos separaba del mío.
Sin decir nada Jacob sacó (aún no entiendo muy bien de dónde) un M16 (si no hubiese llevado incorporado un lanzagranadas M203 ni me hubiese fijado) y empezó a hablar.
-¿Ves a esa tía?
Mis ojos se centraron en la mujer a la que Jacob se refería (gracias a la intimidad que nos daban los cristales tintados), que parecía venir directa hacia nosotros, y tuve que reconocer que no tenía mal gusto. Alta, delgada, bien vestida y con andares de fulana de las caras (para mi gusto demasiado recatada). Detrás de ella, un blanquito le seguía, al parecer llevando sus cosas. No me hizo falta fijarme demasiado en él para darme cuenta de dos cosas. La primera que se había cagado en los pantalones por la maniobra que Jacob acababa de hacer y que había acabado a un par de metros escasos de donde estaba. La segunda que iba armado.
-Esa es una maga -quedé callado mientras se acercaban a nuestros coches, mientras Jacob manoseaba su arma con ganas de usarla. Decidí sacar también las mías-, los Tremere de los que te he hablado. Vienen a investigar las muertes.
La mujer pasó justo al lado del Lamborghini y se detuvo en la puerta del acompañante de mi coche. Después de unos segundos la abrió. Jacob me miró, y con sorna me dijo.
-¿No vas a proteger tu coche?
Dudé un segundo mientras valoraba sus palabras, mirando las armas en mis manos (la noche anterior no parecieron afectarle demasiado a él, pero…). Recordé el discurso en mi taller, todo aquello que acababa Jacob de contarme sobre defender la ley en la ciudad, y todas esas patrañas,… dejé mis pistolas en la guantera y salí del coche.
Pasé por delante del chupapoyas blanquito, que se alejó de mi varios pasos y se me quedó mirando con cara de atontado, y me paré junto a la zorra, que ya estaba sentándose en el asiento y abriendo la guantera para revisarla.
-Tú, rubia –me llevé la mano al paquete-, ¿porqué no subes aquí? Estarás más a gusto.
Me miró apenas un segundo y siguió con su trabajo sin inmutarse.
-¿Es este tu coche?
-¿Y a ti que cojones te importa? ¡Bájate zorra!
Antes de responder estuvo paseando sus manos por el salpicadero, con expresión ausente. Juro que no sé que coño hacía pero me pareció como si leyese palabras que yo no podía ver.
-Este coche está siendo investigado por dos asesinatos que tuvieron lugar ayer en un polígono cercano –me clavó los ojos y me dio la sensación de que leía en mí igual que había hecho con mi coche-. Si sabes algo debes decirlo.
No contesté pero supongo que mi expresión de ira dejó claro que algo sabía. Se giró sin llegar a levantarse hacia el blanquito que usaba como burro de carga.
-Apunta.
El tío se acercó un paso a mí, y me encañonó con su pistola. El hecho de que no dejase de temblar me demostraba lo que ya había notado nada más verle. No estaba habituado a la vida en las calles.
-Me refiero a que anotes lo que te voy a decir en la PDA –la maga tomó la palabra de nuevo en un tono autoritario que acabó de acojonar al capullo que tenía delante y que a mí me puso a cien (aparte de acabar de demostrarme que ese tío era gilipollas)-. Empieza a apuntar.
Ella empezó a hablar sobre los dos asesinatos que Jacob había cometido, sobre las muertes que la noche anterior habíamos causado él y yo de una forma u otra, dando detalles que no logré comprender cómo conocía, a no ser que ella en persona hubiese estado allí. No sé demasiado bien porqué, pero el hecho de que supiese eso me enfureció un poco más. Rodeé el coche y entré. Arranqué, y le propuse con mis mejores modales a aquella guarra dar una vueltecita en él (ya que se negaba a bajar, por lo menos que disfrutase de la experiencia).
-Estás interfiriendo en una investigación del Príncipe, será mejor que me cuentes todo lo que sepas.
Justo en ese momento Jacob bajó la luna del Lamborghini y antes de que la rubia se diera cuenta me hizo un gesto con la cabeza dejando claro que hablar no era una opción (tal vez pensara que iba a ser tan cabrón para hacerlo. Pedazo de gilipollas). Su arma, si es que seguía empuñándola, estaba bien escondida. Cuando ella le vio, pareció reconocerlo.
-¡Joder! Debería haber imaginado que estabas metido en esto.
-No sé porqué os gusta tanto tocar los huevos, Marla.
Ambos intercambiaron un par de frases amigables más, mientras yo seguía cabreándome por momentos. Con la zorra pretenciosa que tenía a mi lado. Con el hijo de la gran puta de Jacob por haberme metido en este lío y en su mierda de “sociedad”. Y con ese gilipollas que seguía mirándonos acojonado y tomando notas de todo lo que pasaba.
Metí marcha atrás y aceleré todo lo que dio el coche de sí (después del viaje en el Diablo de Jacob, esto parecía una puta mierda). Pensaba que aquella fulana se mearía encima, pero no fue así (he de reconocer que cada vez se ganaba más mi respeto). Cogió con su mano izquierda el volante (una maravilla que me costó ciento cincuenta pavos y mucho tiempo encontrar y que representaba en acero cromado una cadena circular, y dos radios que lo unían a un cráneo en el centro de la pieza), que acto seguido empezó a derretirse entre mis dedos.
El coche quedó parado en medio de la calle, sin posibilidad de maniobrar, con esa pedazo de zorra en un asiento y un negro grande y cabreado en el otro. Empecé a golpear en interior del coche y a acordarme de la familia entera de esa grandísima puta, que seguía mirándome a escasos centímetros.
-Háblame de lo que pasó anoche.
En ese momento me di cuenta de que si no salía del coche acabaría por matarla también a ella. La tentación era grande, pero las palabras que Jacob acababa de decir en mi taller aún pesaban demasiado. Esa última puta tradición ya se me estaba atragantando.
Salí, y no pude hacer más que emprenderla a patadas con lo primero que me encontré en mi camino. Mi propio coche empezó a recibir una serie de golpes que de no ser por las botas con refuerzos de acero que siempre llevo (aún recuerdo cuando con doce años, en uno de mis primeros trabajos, el motor de aquel Plymouth me machacó el dedo gordo, y juro que no me volverá a pasar) me hubiesen dolido más a mi que a él. Si no fuese porque no era la primera vez que lo hacía, hasta me hubiese sentido culpable.
Mientras yo golpeaba mi propio coche, Jacob y la mujer seguían con las conversaciones diplomáticas. Ella seguía con sus preguntas y nosotros seguíamos sin responderle. Pese a eso, y después de otra inspección ahora en el asiento del conductor (cuando ella se sentó el volante volvió a aparecer, y se dedicó otro rato a pasear las manos por él, de nuevo con expresión ausente. Empezaba a entender porque les llamaban los magos), parecía conocer todos los detalles de lo ocurrido (¿Entonces para que cojones nos lo pregunta?). Como me encontraba más calmado ahora que mi volante volvía a estar en su sitio, me decidí a hablar con ella.
-¿Te apetece tocar también esta?
Me llevé otra vez la mano al paquete, pero su expresión no cambió (si dicen que a la tercera va la vencida, estaba a punto de convencerla).
-Sólo trabajo con objetos de gran tamaño.
Esta tía empezaba a gustarme de verdad. Me bajé los pantalones y le demostré que lo de “gran tamaño” se queda corto conmigo. Su cara seguía con la misma expresión seria que tenía al principio de nuestra agradable charla (aunque ella sea demasiado tímida como para admitirlo, vi un brillo especial en sus ojos al conocer mi “lado oculto”).
Volví a sentarme en el Lamborghini para acabar de calmarme, dejando la puerta abierta. Jacob estaba ahora fuera (desarmado y aparentemente pacífico) y hablando con la maga. Esta vez las maneras eran más educadas, y poco a poco los ánimos se fueron calmando. Cuando todo parecía estar en calma, Jacob me hizo un gesto para que me uniera a ellos. El otro tipo que iba con la maga también se acercó, y decidimos presentarnos. Después de conocer nuestros nombres (ella era Marla nosequé y él un tal Bart el meón rosa. Este mote lo recuerdo bien porque jamás había escuchado uno tan ridículo. Le pega bastante, excepto porque no va de rosa, sino de negro de pies a cabeza), ella empezó de nuevo a preguntarle a Jacob, en esta ocasión sobre mi.
-¿Es tu chiquillo?
Jacob respondió asintiendo con un simple gesto de cabeza.
-¿Está presentado?
-Aún no, pero Caius lo sabe.
Unos segundos valorando la situación, y Marla empezó a dictar al otro, que escribía palabra por palabra.
-Las dos víctimas de anoche fueron asesinadas por un Sabbat infiltrado en la ciudad que…
-Sí, sin duda, un Sabbat –Jacob interrumpió a Marla-, además yo le vi, lo recuerdo bien.
Jacob empezó a describir a aquel vampiro imaginario que cargaría con las culpas de nuestros pecados, mientras Marla sonreía ligeramente y el tal Bart tomaba nota. Yo decidí sentarme otra vez en el Lamborghini Diablo (modelo del 99. Sólo se fabricaron 83 unidades. Capaz de alcanzar los 338 Km/h. Dudo que tenga muchas más ocasiones para acariciar uno).
Cuando Jacob volvió al coche, me habló sin mirarme.
-No te hagas encima el mártir, porque ahora le debemos una a esa gente –me miró y noté que preferiría que no lo hubiese hecho. Sus ojos me atravesaron con rabia-. Sube a tu coche y ve al taller. Hoy conocerás a Caius, él es uno de los Sheriff de la ciudad, y un consejo… no seas tú mismo.


No tuve que esperar demasiado para tener el privilegio de conocerle.
Estaba trabajando en mi coche (algún cabrón se había dedicado a darle patadas. Hijo de puta) cuando la barrera, que tenía medio bajada, se abrió de golpe. Jacob entró delante. El tal Caius venía tras él, y he de reconocer que en una pelea no me hubiese gustado tenerlo enfrente. No demasiado alto pero bastante fuerte. La ropa amplia y cara, de color blanco, de esa tela medio transparente que les gusta tanto a los blancos. Un collar colgando de su pecho, musculoso y depilado, que representaba la A de la anarquía girada boca abajo. Jacob se detuvo a medio camino, antes de llegar a donde yo les esperaba. Caius se paró a menos de medio metro de mí, y Jacob salió, cerrando del todo la barrera. Sabía que me iba a llevar una bronca, y lo peor es que no sabía porqué.
-Así que tú eres el nuevo Brujah.
-Aún no –Caius me miró un poco más relajado. Si pretendía que cayese en la trampa, no dio resultado. Recordé lo poco que de momento sabía sobre esta nueva ciudad que el mundo de los vampiros me ofrecía, y seguí hablando-, primero parece que me tienes que dar el visto bueno tú y después deberé presentarme al Príncipe.
Ni él ni yo nos movimos un centímetro. Seguíamos notándonos el aliento con cada palabra.
-¿Por qué quieres llegar a serlo?
El tío iba al grano, estaba claro.
-Jacob me prometió poder.
Yo también sabía.
-¿A cualquier precio?
Pues claro que sí, gilipollas. Pero estaba claro que esa era otra pregunta trampa. Agaché la cabeza y pensé una mentira convincente.
-Jacob me ha dicho que vengo de una estirpe de policías. Primero debo servir a mi tarea. Para eso debo respetar a mi clan,… y no sólo a ellos. Hoy he aprendido que debo respeto también a otros de los nuestros.
Miró mi coche, aún con un lateral abollado y el faro trasero roto (soy bueno, el mejor, pero arreglar tanto destrozo en tan poco tiempo es imposible), y siguió con el interrogatorio.
-¿Entonces eso? –un ligero movimiento de cabeza sin dejar de mirarme me hizo saber que se refería a mi coche- ¿Parece que no has respetado ni tu propio coche?
-Un momento de furia –su gesto serio me hizo darme cuenta de que esperaba que dijese algo más-. No volverá a pasar.
-Eso espero. Ese es uno de los mayores defectos de nuestro clan. Algo a controlar.
Me ofreció la mano y se la estreché, no sin dudarlo una milésima de segundo. Si él lo notó no dijo nada, y con fuerza me dio lo que a mi me parecía la bienvenida al club. Sólo ahora notaba que los nervios me habían amenazado por esta visita, ahora que al irse me sentía en cierta forma aliviado. Tras unos segundos en los que nos aguantamos la mirada, se giró y mientras se encaminaba hacia la puerta volvió a preguntar, ya con voz menos amenazadora.
-¿Sabes por qué te ha escogido Jacob?
-Deberás preguntárselo a él.
Le mentí de nuevo mientras golpeaba la barrera, que acto seguido se abrió con estruendo (¿no lo voy a saber? Porque soy el puto amo de estas calles del Bronx que me han visto nacer).
Caius salió sin decir nada más. Jacob, el encargado de abrirle, me hizo una señal para hacerme saber que volvería. Con una sonrisa tímida me hizo saber también que de momento todo había ido bien.
De momento había superado la prueba.
De momento.

8 comentarios:

-- dijo...

que largo juajo!!!! pensaba que me había equivocado al subirlo....

Anónimo dijo...

lo mismo dijo Marla...
:)

Anónimo dijo...

Joder Junajo, como te pasas con el pobre Bartolomeo XDDDD
Ya verás, cuando sepa hacer el truco de la fusión de Marla te voy a fundir cierta parte de tu anatomía XDDD Negrata XDDD

Anónimo dijo...

Ya estamos...

Cómo te amarras a la ficción 'morenito' ;-)

Anónimo dijo...

Por cierto, muy bueno lo de "Bart el Meón Rosa" XDDDD

-- dijo...

la partida de hoy ha sido memorable.... mi resumen lo subiré este martes, esperaré a que llegue el resto de crónicas antes por si acasu, pero que partidón :)

Anónimo dijo...

la verdad es que estoy disfrutando de jugar.
mis resúmenes (aún me falta la presentación al príncipe, pero estoy en ello), creo que no estarán para el martes... lo siento!

y en respuesta a Joan... bah! pa que hablar.
:)

Anónimo dijo...

peo no podias escribir algo mas corto... que asi no me extraña k a la mitad alla dejado de leer...
aunque me ha gustado....